




Ante una mirada como la de la Virgen del Desconsuelo todo aditamento resulta superfluo; ante la transmisión de que es capaz esta obra todo añadido se convierte en vano y fútil reclamando sencillez extrema ante una Madre de Dios que no requiere de nada más que un fiel que le rece. Silencio, recogimiento y austeridad habrán de ser en todo momento las señas de identidad de la desconsolada Madre del Señor en su visitación al alma cristiana por las calles de Triana.
Rogelio Rubio Segura