La imagen
de Ntro. Padre Jesús Cautivo es obra del genial imaginero umbreteño Antonio
Illanes Rodríguez en 1940, siendo restaurada su peana en 1987 por Salvador
Madroñal. Procesiona el Domingo de Ramos sobre andas doradas y a los sones de
una agrupación musical. Bajo palio le acompaña en la estación penitencial María
Santísima de la Esperanza, obra también de don Antonio Illanes.
Jesús
Cautivo es una obra encuadrada en la producción del área sevillana durante la
postguerra, poseyendo una serie de características típicas de la imaginería
desarrollada durante este periodo: imagen de dimensiones humanas, alejada de
todo colosalismo o grandilocuencia y realzando la faceta humana del Hijo de
Dios; carnaciones morenas u oliváceas, probablemente en imitación de los
modelos clásicos heredados de siglos anteriores y que,por el paso del tiempo y la acumulación de
suciedad, oscurecieron estableciendo una falsa identidad de “imagen morena” muy
popular; suavidad en las formas y serenidad en la expresión así como
alejamiento de lo cruento, evitándose la excesiva representación de heridas y
regueros sanguinolentos, eludiendo recordar así la sangrienta contienda recién
finalizada y las horribles imágenes sin duda presentes en la mente del devoto
de la época.
La
postguerra constituyó un periodo en la imaginería que si bien supuso que éste
oficio en profunda crisis y amenazado de desaparición resucitara, gracias a la
enorme demanda acarreada por la destrucción de numerosas tallas durante la
contienda, también trajo consigo una producción media de calidad mediocre y poca
innovación, fruto de la escasa formación de los artistas, un exceso de
productividad y mala calidad de los materiales disponibles dada la severa
carestía post bélica.
Con el
tiempo, este nuevo resurgimiento de las labores escultóricas religiosas
adquirió el nombre genérico de “neobarroco”, ya que se le consideró una vuelta
a los orígenes de la época dorada de la imaginería. Desgraciadamente esta
“inspiración” primigenia en los modelos pretéritos, con el tiempo cayó en lo
reiterativo, incurriéndose directamente a la copia e imitación de modelos
precedentes de artistas no ya barrocos, sino pertenecientes a la nueva
corriente, así como los propios imagineros recurrieron a una producción casi
seriada de obras propias bien acogidas, lo cual lastraría enormemente la
calidad de las producciones. Más de setenta años después de lo que podríamos
considerar su nacimiento, esta imitación reiterativa ha constituido el mayor y
más habitual problema en la imaginería, siendo escasos los ejemplos de aquellos
autores que han conseguido crear un estilo propio, destacando al alejarse
aunque tan solo fuera levemente del “neobarroquismo”, que se ha terminado
convirtiendo en una auténtica lacra de cara a la originalidad de las
producciones artísticas.
Nuestro
Padre Jesús Cautivo, a pesar de pertenecer a un periodo y un estilo artístico
que como biense ha visto posee sus
sombras y defectos, se llena de luz y virtudes en cuanto a ser obra de un
imaginero que supo dotar a sus creaciones de un carácter único y excepcional.
Antonio Illanes, injustamente maltratado por la historia, fue y sigue siendo un
autor enormemente infravalorado frente al mayor renombre de otros artistas de
la época cuyo volumen productivo, origen natal o renombre de las corporaciones
para las que desarrollaron sus trabajos les catapultó a la fama y la
popularidad, ensombreciendo el nombre del umbreteño. Quede expreso así mi
homenaje desde este modesto blog hacia quien considero el mejor imaginero de la
época de postguerra en el entorno sevillano, entre los años 1937 a los primeros
años 50. La calidad y personalidad de su obra habla por sí misma.
Maniatado,
Jesús Cautivo dirige la mirada levemente hacia su derecha desde la frontalidad
compositiva. Su rostro responde a las características habituales de la obra del
maestro Illanes: rasgos angulosos y hebraicos, con los pómulos muy marcados. El
parpado inferior notablemente resaltado así como las ojeras, rasgos también
frecuentes, como lo es la barba bífida y bigote de inspiración claramente
clásica. La frente aparece surcada por leves arrugas y la melena, dividida en
dos por una raya central, cae en tres bucles separados a cada lado de la cara y
tras la cabeza. El tratamiento del cabello, minucioso y personalísimo es de
notable factura.
Lejos de
los rasgos formales, una de las características presentes en toda obra de
Antonio Illanes resulta aquí también apreciable por aquél que se deje imbuir en
las sensaciones que transmite la talla: melancolía. Es una impresión siempre
latente en la imaginería del escultor umbreteño. Aún formando parte de un grupo
escultórico, sus obras siempre transmiten una profunda sensación de soledad y
melancolía que embarga al fiel, creando una atmósfera propicia para la oración.
Los pequeños detalles empleados por Illanes humanizan la imagen de Cristo y
dotan de una enorme calidad a la talla, destacando entre otras obras del
periodo gracias a la sutilidad de las gubias de un genio.
Cabe
destacar que esta corporación nazarena toma la iconografía de Jesús Cautivo en
sus inicios dada la devoción de un grupo de hermanos a la imagen del Cautivo de
San Ildefonso de Sevilla. Curiosamente esta imagen no procesional sevillana, de
la que muchos parecen desconocer la enorme devoción que despierta, inspiró la
fundación de varias corporaciones en la provincia. Claro ejemplo de la
veneración que la talla despierta y el verdadero reconocimiento que merece.
La
iconografía de Jesús Cautivo, originada en el madrileño Jesús de Medinaceli, es
una de las más complicadas de trabajar para la imaginería, siendo buena prueba
de ello el hecho de que existan realmente pocas obras realmente destacables. Excesiva
rigidez e inexpresividad han sido errores frecuentes en los que se ha caído constantemente
al recrear esta iconografía, diferenciada de cualquier otra en que Jesús
aparezca apresado, ya que posee un origen concreto y específico como lo es la
talla generadora de la leyenda y a la que se venera en Madrid. La imagen a la
que se venera en Dos Hermanas destaca como una de las más destacadas dentro de
esta peculiar advocación junto al Cautivo de Pilas, Cautivo y Rescatado de
Alcalá de Guadaíra y el misterioso Cautivo de Belem carmonense.
Añádase
al análisis de esta magnífica obra un detalle peculiar, si tenemos en cuenta
que recrea una iconografía que posee unos elementos bastante estrictos en su
representación: ausencia de corona de espinas y heridas en la cabeza. Destacar
también que la imagen se atavía con un escapulario (imprescindible en la
representación de un Cautivo) que posee el escudo de los Trinitarios Calzados
bordado. Este detalle en un principio supone un error ya que la cruz con los
brazos lisos de los Trinitarios Descalzos, autores del rescate de la talla que
da origen, es el que debe emplearse, aunque, desconozco si el empleo del
emblema de los Calzados responde a alguna filiación de la corporación que
desconozco, dado lo cual dejo el detalle sin analizarlo más profundamente. La
corporación reside en la Parroquia de Nuestra Señora del Rocío, obra modernista
bastante desafortunada y que en nada acorde a la enorme calidad artística de
los dos titulares de la corporación.
Contemplación del patrimonio artístico y aprecio del verdadero valor que posee la imaginería andaluza y española. Viajar para conocer y apreciar como lema, si es cofrade o aunque no le guste la Semana Santa.
cautivoservita@yahoo.com