En la
Parroquia Mayor de Santa Cruz de la monumental Écija, auténtica ciudad museo
hacia la que desde esta página volveremos en más de una ocasión nuestra mirada
dada la enorme calidad de su patrimonio artístico, reside la venerable
corporación de El Silencio. La hermandad procesiona en la madrugada del Jueves
al Viernes Santo de la Semana Santa astigitana, constituyendo una de las
corporaciones de silencio más exquisitas que servidor haya tenido la suerte de
poder contemplar. Mención al margen merece también el pueblo astigitano, que
sabe guardar el debido respeto ante el paso de esta procesión como en pocos
lugares se hace hoy día, viviéndose una experiencia tan gratificante y
espiritual como recomendable para todo aquél buen cofrade que sepa apreciar un
cortejo tan ejemplarizante en los tiempos que vivimos.
La imagen
de Nuestro Padre Jesús Abrazado a la Cruz representa una de las iconografías
más particulares y únicas de nuestra geografía. La talla cristífera titular de
la corporación astigitana de El Silencio a primer golpe de vista nos sugerirá
el pasaje evangélico en que Jesús cargado con la Cruz, camina hacia el
calvario, con la particularidad de hacerlo al contrario de lo usual en la representación
del pasaje evangélico; cargando el estípite (brazo vertical de la cruz) como lo
hace el sevillano Jesús Nazareno del Silencio. No es esta más que una mera
impresión superficial, quizá sugerida en parte por la coincidencia de la
denominación popular de ambas corporaciones, que no poseen relación alguna
entre sí. Una mejor valoración de la obra nos descubrirá que Jesús Abrazado a
la Cruz no parece cargar la cruz, más bien se la muestra al fiel, exponiendo el
instrumento del martirio completamente frontal y en cierta medida de forma
alegórica. Esta impresión es la correcta.
Según nos
cuenta una leyenda, Doña Sancha Carrillo, hija de los marqueses de Guadalcazar,
era una mujer que había rechazado los placeres mundanosadoptando unos hábitos de vida estrictos y
humildes, animada por ahondar en sus valores cristianos gracias al consejo que
obtuvo de San Juan de Ávila, quien ejerció de confesor de la joven cuando ésta
estaba dispuesta a marchar a la corte real madrileña, fruto del impacto que su
presencia provocaba en la alta sociedad de la época. La mujer de espartana vida
y profunda religiosidad, fue sorprendida a lo largo de su vida por diversas
visiones místicas de Jesús con la Cruz al Hombro. Una de ellas se produjo según
nos cuenta una de las versiones de la leyenda un Jueves Santo a las doce de la
noche, alrededor de 1537, en la Iglesia de Santa Cruz en Écija y para que
quedase constancia del hecho, Doña Sancha mandó pintar un cuadro de tal visión
en que se plasmase y quedara para la memoria el suceso. Mucho impresionaron en
la villa astigitana tales acontecimientos y en 1666 se gestó la fundación de
una corporación que diera culto a tal visión celestial, encargando con
posterioridad una talla a la que procesionar que se inspirara en la obra
pictórica encargada por la devota mujer y realizando estación de penitencia a
las doce de la noche (hora que hoy día se mantiene) conmemorando lo acontecido.
Tras una serie de concesiones, la hermandad logró hacerse en propiedad con una
capilla en la Parroquia de Santa Cruz, bendiciendo allí la imagen del Nazareno
Abrazado a la Cruz y el retablo sobre el que recibiría culto en 1699.
Jesús
Nazareno Abrazado a la Cruz es por lo tanto obra ejecutada sobre 1698-99,
permaneciendo su autoría en el anonimato. Como la leyenda sobre las apariciones
a Sancha Carrillo nos relata, Jesús abraza amorosamente la Cruz, aceptando el
martirio en su símbolo, mostrándole al fiel a su vez el icono sagrado. A pesar de tratarse de una imagen de carácter
cuasi alegórico, presenta fielmente las heridas fruto del momento pasional que
sugiere la iconografía, esto es, Jesús cargando con la Santa Cruz. La frente
aparece surcada por regueros sanguinolentos que nos sugieren la presencia de llagas
provocadas por la corona de espinas, salvo que la talla no se adita con tal
elemento pasional, ni cuando permanece todo el año expuesta en su retablo ni
durante su estación de penitencia. La imagen, de dimensiones y facciones
humanas y naturales, destacando este aspecto de la figura de Cristo, gira la
cabeza (y parcialmente el tronco) hacia la derecha y abajo. La mirada parece
clavarse en el fiel, pero los ojos desprenden un aire abstraído, cual si mirara
al horizonte, hacia el infinito, transmitiéndonos en este arrebato que
trasciende de la realidad la faceta divina del Hijo de Dios. Los rasgos
faciales sugieren cansancio y abatimiento, fruto de los tormentos sufridos. El
rostro alargado, termina en una barba bífida. La cabellera, espesa, larga y muy
airosa, se muestra en el lado derecho cayendo en amplios bucles sobre el hombro
y pecho, mientras en el lado izquierdo de la imagen deja al descubierto la
oreja, trenzándose hacia el lado contrario sobre ésta.
La obra
se atribuye tradicionalmente a la labor del genial imaginero Pedro Roldán,
sobre 1698-99. Dado que el maestro falleció en 1699, esta probablemente habría de
tratarse de una de sus últimas obras. Si bien el perfil izquierdo de la talla
muestra rasgos inequívocamente roldanianos (así como el aspecto general de la
obra), servidor siempre se ha mostrado lleno de dudas acerca de su autoría
certera al contemplar el plano frontal de la obra (el cual es el único visible
desde su altar todo el año, dadas las características de éste). Coincide el
hecho de que la inmensa cantidad de fotografías existentes de la obra, muestran
este plano frontal donde muchos de los rasgos, y en particular el alargamiento
de estos y la impresión general que transmite al contemplación del rostro, hace
albergar dudas sobre la autoría de Pedro Roldán. Añádase a ello lo apurado de
la fecha de bendición estimada de la talla respecto a la fecha de fallecimiento
del artista. Tras mi asistencia al pasado besapié en el que fue expuesta la
obra, me sorprendió profundamente contemplar en directo el peculiar perfil
izquierdo de la talla (derecho del espectador) así como el plano que se obtenía
al mirarlo justo desde abajo, perspectivas estas que transmitían un aire
inequívocamente roldaniano al espectador. Es por ello que estimo que la
tradicional atribución de la obra a las gubias del maestro resulta cuanto
menos, si no completamente certera, si la más plausible y probable. Puestos a
especular sobre su autoría, es sin duda Pedro Roldán el nombre más plausible y
adecuado a relacionar con el Nazareno Abrazado a la Cruz, pero no por ello han
de desestimarse otras teorías ni dar la existente por definitiva ya que
determinados detalles de la obra y de su contemplación frontal con respecto a
la mirada de la imagen nos devuelven detalles y sensaciones en cierto modo
diferentes a las habituales en la obra del gran maestro. Quizá el hecho de que
así sea fuese provocado por la necesidad por parte del autor de acogerse a un
modelo preexistente a la hora de gubiar la efigie: el cuadro encargado por doña
Sancha Carrillo en el cual se representaban las apariciones que contempló y en
base al cual se fundó la corporación. Servidor no ha tenido la dicha de poder
contemplar dicho lienzo y es por ello que deja su suposición en el aire, como
mera especulación que explicaría quizá la aplicación de rasgos levemente
diferentes a lo habitual en su obra por parte de Pedro Roldán, quien pudo
inspirarse en la obra pictórica para efigiar la escultura.
La
corporación da culto como titular mariana a María Santísima de la Amargura,
probablemente una de las mejores obras marianas del sevillano Antonio Castillo
Lastrucci en 1964, la cual aparece reflejada en algunas de las instantáneas de
este artículo y que merecerá artículo al margen más adelante en este blog.
Acompaña bajo palio de genial diseño y en silencio al Nazareno Abrazado a la
Cruz, el cual a su vez, procesiona acompañado por música de capilla sobre andas
en caoba iluminadas por faroles plateados. La talla del Nazareno procesiona con
cruz plateada de orfebrería coetánea a la efigie (finales del XVII), túnica
bordada del XVIII y potencias plateadas del mismo siglo. Todo ello compone un
conjunto realmente único que ha permanecido invariable durante siglos y resulta
todo un goce para el espectador. Destacar antes de terminar el artículo que la
imagen del nazareno fue objeto de una restauración posterior a 1943,
aparentemente de notable acierto y que devolvió a la talla todo su esplendor
pues, en las fotografías que podemos contemplar en la siempre recurrente
Fototeca de la Universidad de Sevilla (www.fototeca.us.es ) correspondientes a dicho año, podemos apreciar como la talla
presentaba notables desperfectos y daños que fueron subsanados de forma muy
correcta con posterioridad.
Cuantísimo me recuerda a Tres Caidas de San Isidoro..
Buen artículo, no conocía esta talla, maravillosa sin duda.
Acerca de...
Contemplación del patrimonio artístico y aprecio del verdadero valor que posee la imaginería andaluza y española. Viajar para conocer y apreciar como lema, si es cofrade o aunque no le guste la Semana Santa.
cautivoservita@yahoo.com