S?bado, 12 de septiembre de 2009

 

Continuando con la búsqueda que empezamos en el artículo anterior de la histórica talla de Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores, hoy traemos hasta este blog la imagen a la que las últimas teorías han relacionado más directamente con aquella que saliera de las gubias de Pedro Roldán a mediados del siglo XVII para la mítica corporación hispalense. En el estado de abandono y deterioro que puede desgraciadamente apreciarse en todas y cada una de las instantáneas que salpican este artículo, sobre un retablo lateral de la Parroquia de Santiago de Sevilla, sede de la conocida cofradía del Rocío que realiza estación de penitencia el Lunes Santo sevillano, se halla la talla que con más acierto resulta relacionable con la que fuese una de las imágenes con mayor devoción de Sevilla.



De considerable tamaño tratándose de una imagen arrodillada, la dolorosa de talla completa alza el rostro hacia arriba y a la derecha mientras ora con las manos juntas. De líneas aparentemente inspiradas en la imagen de Nuestra Señora de la Antigua y Siete Dolores de la Parroquia de la Magdalena que ya tratamos en este blog en el anterior artículo, la Virgen de los Dolores de la Parroquia de Santiago despliega un discurso estético imbuido en un barroco maduro y avanzado, alejado de las líneas tempranas de principios de siglo que muestra la imagen de la Magdalena, de características mucho más arcaicistas. Las similitudes son evidentes: ambas imágenes reposan sobre una superficie almohadillada (un cojín en este caso), provocando un elegante contraposto forzado al quedar la rodilla derecha por debajo de la izquierda que a su vez está más adelantada, afianzando la sensación dinámica de leve curvatura al llevar la imagen las manos a su lado izquierdo mientras alza la cabeza a la derecha. El tocado también parece inspirarse claramente en la imagen de la Antigua y Siete Dolores, pero en esta talla de la Virgen de los Dolores deja al descubierto parte del cuello y queda más libre el rostro, acorde a las modas barrocas de la mitad del siglo XVII en adelante.  Los ropajes tallados poseen mayor dinamismo en el caso de la Virgen de los Dolores, dotando a la obra de superior movimiento respecto a la rigidez del modelo de la Virgen de la Antigua, apelmazándose la saya dejando intuir las formas anatómicas y dotando de mayor naturalidad al conjunto,  recogiéndose el manto bajo el brazo derecho en un airoso pliegue. Las bocamangas se cierran con tres botones. En general  el trazado de los ropajes resulta más efectivo y menos tosco que en el modelo primigenio. La tonalidad rojiza de la saya y azulada del manto, que se dejan apenas entrever entre el deterioro y la acumulación de suciedad, también vienen a responder a un modelo mucho más habitual y común a la moda que los tonos oscuros de la imagen mariana de la Parroquia de la Magdalena.


 

La policromía apenas se deja intuir entre la vergonzosa acumulación de suciedad y el deterioro generalizado que sufre la imagen. En el rostro se adivina un correctísimo empleo de frescores sobre la pálida encarnadura, que dota a la talla de cierta gracia y vivacidad en su dolor. Los rasgos están más acordes a los ideales de la escuela barroca plena: de carácter más juvenil y facciones más carnosas que los angulosos y más avejentados rasgos de la Virgen de la Antigua. La boca se abre crispándose en un ademán doloroso, incluso pudiendo sugerir la impresión de una sonrisa sesgada en las comisuras de los labios, dejándonos ver los dientes superiores.  La nariz resulta de una depuradísima factura, muy elegante, resaltando notablemente el entrecejo marcadamente triangular. La ceja izquierda queda fruncida acentuando la elevación de ese lado de la cabeza; mientras la derecha queda en reposo, rompiendo así valientemente la simetría del rostro.  Otro rasgo claro de la evolución entre los modelos marianos de la Parroquia de la Magdalena y la de Santiago es la frontalidad que denota la imagen de la Antigua y Siete Dolores, cuyo perfil resulta algo casual y forzado;  contrariamente, la cuidadísima y excepcional perspectiva que observa el devoto al contemplar el perfil de la talla mariana que tratamos parece producto de un depurado estudio.


 


Cierto es que quizá debiera haber recurrido a una descripción de la talla descontextualizada de una comparación directa respecto a la imagen de la Antigua y Siete Dolores, pero las similitudes e inspiración de la talla de Santiago en el modelo primigenio de la Magdalena parece bastante evidente, máxime cuando cabe la posibilidad de que la efigie que tratamos sustituyera a la anterior como dolorosa titular de la corporación sevillana de la Antigua y Siete Dolores.  A pesar de las teorías existentes respecto a esta desconocidísima talla, que situaban su ejecución en torno a los años 1735-50, atribuyendo a las gubias de Benito de Hita y Castillo en algunos casos la imagen (aunque para tal extremo habría que atrasar la cronología de la efigie cuanto menos hasta 1755-60 si no queremos adjudicar la obra a un escultor joven e inexperto, ya que este nació en 1714), una nueva teoría vino a surgir dando a conocer para muchos esta dolorosa absolutamente ignorada.
 


 


Los investigadores Antonio Torrejón Díaz y José Luís Romero Torres abrieron los ojos a muchos al identificar esta imagen de Nuestra Señora de los Dolores de la Parroquia de Santiago con la talla que a mediados del siglo XVII realizaría Pedro Roldán para la hermandad de la Antigua y Siete Dolores, rompiendo con la tradicional adjudicación de la imagen de la Antigua de la Parroquia de la Magdalena a las gubias del genial maestro, con cuya obra posee poca o nula relación estética. Esta observación puede resultar harto obvia, pero romper con la tradicional asimilación de la imagen de la Magdalena con la de la mítica Virgen de la Antigua de Roldán tras décadas de literatura cofrade de más bien escasa investigación no es nada sencillo.  Se agradece el trabajo y la labor de personas como estos dos mencionados investigadores, que desempolvaron y dieron relevancia a una imagen como la de Santiago absolutamente desconocida para el mundo cofrade (y la propia ciudad) hasta entonces.  Si bien es cierto que se trata solo de una atribución y existen otras teorías en torno a la Virgen de los Dolores, resulta bastante evidente que los rasgos de la imagen mariana que tratamos son totalmente encuadrables dentro de la obra de Pedro Roldán y Onieva, guardando especial parecido (asombroso en algún caso) con las efigies femeninas del retablo de la Santa Caridad de Sevilla (obra maestra que preside el banner de la cabecera de este blog) y de la Parroquia del Sagrario de la Catedral hispalense. Lamento no disponer de fotografías de mayor calidad que mostrar al lector, pero recomendaría a este una búsqueda de instantáneas de los mencionados retablos, en especial del retablo mayor de la Santa Caridad, para que pueda establecer una comparación, resultando especialmente ilustrativa la imagen de una de las Marías que mira al cielo. No obstante, como ya se ha mencionado, ha de valorarse esta atribución como tal, no dándole grado definitivo ya que la imagen sigue siendo anónima y algunos detalles (como el entrecejo marcadamente triangular) encajan a la perfección en la escasa obra mariana conocida de Benito de Hita y Castillo.



¿Cómo pudo Pedro Roldán acabar realizando una imagen mariana que sustituyera a la anterior titular de la importantísima Hermandad de la Antigua y Siete Dolores?. Las modas sin duda alguna supusieron un factor definitivo si es que realmente ocurrió dicha sustitución, ya que con el desarrollo de la estética barroca el gusto en la ciudad había cambiado y la corporación pudo optar por apartar su titular a favor de una nueva imagen más adecuada a los gustos imperantes, historia esta que se ha repetido durante siglos en nuestras cofradías y sigue sucediendo en la actualidad (recurriéndose a muy diversos y reprobables medios en algunos casos para obtener tal adecuación a la tendencia dominante). Tras la epidemia de peste que asoló Sevilla, la corporación decidió en 1649 renovar sus imágenes (hecho este documentado) pudiendo encargar a Pedro Roldán así la nueva efigie que sustituyera a la excepcional imagen de la Antigua y Siete Dolores de la Magdalena, a la que casi cincuenta años después de su ejecución no supieron apreciar y comprender en su justa medida al ser producto de otra mentalidad, otra época. Fue así que esta imagen que hoy tratamos pasó a ser historia, leyenda, mientras en una época fue la imagen mariana a la que se atribuyó mayor devoción en la ciudad; olvidada hasta la incapacidad de ser reconocida tras la disolución de su primigenia corporación, languideciendo y deteriorándose peligrosamente pasaron muchos años hasta que alguien volvió a dar luz sobre su importancia y existencia: es por esto que resulta tan loable la labor de investigadores como los mencionados Antonio Torrejón Díaz y José Luís Romero Torres que rescaten de la memoria lo que las modas y la ingratitud del cofrade esta tan presta a olvidar. Afortunadamente la Madre nunca paga a los hijos con el mismo olvido y abandono que a veces estos dispensan con Ella, y sin duda alguna sabrá recompensar nuestras oraciones con la gratitud y el cariño que María Santísima siempre dispensa al devoto que se acuerda de rezar ante su imagen tanto tiempo olvidada.


 


Llegados a este punto resulta necesario y obvio hacer un llamamiento, una auténtica petición de socorro para que la imagen sea restaurada prontamente por manos expertas y profesionales:  la suciedad que “devora” a la talla; las perdidas y lagunas en la policromía; alarmantes grietas; arañazos de la capa polícroma del estofado que dejan ver el dorado bajo ésta e incluso el aparejo y la propia madera, haciendo irreconocible su trazado; desaparición de las lágrimas originales del rostro…  y en general el vergonzoso aspecto de abandono y ruina en que se halla una imagen que, quién sabe, pudo tratarse quizá de la efigie dolorosa de María Santísima de mayor devoción en la ciudad, claman a los cielos. Leemos en la página web de la hermandad de penitencia de El Rocío de Sevilla que la talla es propiedad del Palacio Arzobispal, no de la corporación (y agradecemos de paso a la hermandad por incluir en su web una reseña con fotografías de la imagen, ya que no se trata de uno de sus titulares, hecho que les honra y es un trato que no suelen dispensar otras hermandades con las imágenes no procesionales de su parroquia). Esperemos que este hecho no sea la excusa perfecta para que nadie encuentre al responsable de tomar decisiones respecto a los trabajos de restauración profesional que tan importante y excelente talla requiere, lanzándose la “pelota” desde el Arzobispado a la Parroquia y desde la Parroquia a la Hermandad de Penitencia que allí reside.  Hago una petición desde aquí a la Hermandad de la Redención para que, aprovechando su relevancia mediática y capacidad para ejercer presión al respecto, sepa si bien no acometer directamente labores de restauración sobre la talla (ya que ésta no le pertenece), si  alzar la voz y alarmar sobre el estado denigrante en que se haya una imagen de María Santísima de tanta relevancia (y probable importancia histórica para la ciudad),  para que quién deba hacerse responsable de su correcta conservación se sienta aludido y tome cartas en evitar que el vergonzoso deterioro en que se encuentra alcance el carácter de irreparable. Señores responsables del patrimonio del Arzobispado y párroco de Santiago: por favor les ruego sean consciente de cuanta historia recae sobre sus manos y pongan sin más demora la imagen de Nuestra Señora de los Dolores al cuidado de restauradores profesionales (y titulados), evitando que Sevilla pueda perder la que, quizá con el tiempo terminemos de descubrir, sea una de sus señas de identidad histórica más importantes.

 

 

Rogelio Rubio Segura


Publicado por cautivoservita @ 6:04  | Siglo XVII
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Publicado por Invitado
S?bado, 28 de noviembre de 2009 | 16:11
Pero la duda es ?c?mo lleg? a Santiago?, ?se traslad? all? cuando Monserrat se qued? con su capilla?