S?bado, 19 de abril de 2008



La imagen de Ntro. Padre Jesús Cautivo es obra del genial imaginero umbreteño Antonio Illanes Rodríguez en 1940, siendo restaurada su peana en 1987 por Salvador Madroñal. Procesiona el Domingo de Ramos sobre andas doradas y a los sones de una agrupación musical. Bajo palio le acompaña en la estación penitencial María Santísima de la Esperanza, obra también de don Antonio Illanes.



Jesús Cautivo es una obra encuadrada en la producción del área sevillana durante la postguerra, poseyendo una serie de características típicas de la imaginería desarrollada durante este periodo: imagen de dimensiones humanas, alejada de todo colosalismo o grandilocuencia y realzando la faceta humana del Hijo de Dios; carnaciones morenas u oliváceas, probablemente en imitación de los modelos clásicos heredados de siglos anteriores y que,  por el paso del tiempo y la acumulación de suciedad, oscurecieron estableciendo una falsa identidad de “imagen morena” muy popular; suavidad en las formas y serenidad en la expresión así como alejamiento de lo cruento, evitándose la excesiva representación de heridas y regueros sanguinolentos, eludiendo recordar así la sangrienta contienda recién finalizada y las horribles imágenes sin duda presentes en la mente del devoto de la época.



La postguerra constituyó un periodo en la imaginería que si bien supuso que éste oficio en profunda crisis y amenazado de desaparición resucitara, gracias a la enorme demanda acarreada por la destrucción de numerosas tallas durante la contienda, también trajo consigo una producción media de calidad mediocre y poca innovación, fruto de la escasa formación de los artistas, un exceso de productividad y mala calidad de los materiales disponibles dada la severa carestía post bélica.



Con el tiempo, este nuevo resurgimiento de las labores escultóricas religiosas adquirió el nombre genérico de “neobarroco”, ya que se le consideró una vuelta a los orígenes de la época dorada de la imaginería. Desgraciadamente esta “inspiración” primigenia en los modelos pretéritos, con el tiempo cayó en lo reiterativo, incurriéndose directamente a la copia e imitación de modelos precedentes de artistas no ya barrocos, sino pertenecientes a la nueva corriente, así como los propios imagineros recurrieron a una producción casi seriada de obras propias bien acogidas, lo cual lastraría enormemente la calidad de las producciones. Más de setenta años después de lo que podríamos considerar su nacimiento, esta imitación reiterativa ha constituido el mayor y más habitual problema en la imaginería, siendo escasos los ejemplos de aquellos autores que han conseguido crear un estilo propio, destacando al alejarse aunque tan solo fuera levemente del “neobarroquismo”, que se ha terminado convirtiendo en una auténtica lacra de cara a la originalidad de las producciones artísticas.



Nuestro Padre Jesús Cautivo, a pesar de pertenecer a un periodo y un estilo artístico que como bien  se ha visto posee sus sombras y defectos, se llena de luz y virtudes en cuanto a ser obra de un imaginero que supo dotar a sus creaciones de un carácter único y excepcional. Antonio Illanes, injustamente maltratado por la historia, fue y sigue siendo un autor enormemente infravalorado frente al mayor renombre de otros artistas de la época cuyo volumen productivo, origen natal o renombre de las corporaciones para las que desarrollaron sus trabajos les catapultó a la fama y la popularidad, ensombreciendo el nombre del umbreteño. Quede expreso así mi homenaje desde este modesto blog hacia quien considero el mejor imaginero de la época de postguerra en el entorno sevillano, entre los años 1937 a los primeros años 50. La calidad y personalidad de su obra habla por sí misma.



Maniatado, Jesús Cautivo dirige la mirada levemente hacia su derecha desde la frontalidad compositiva. Su rostro responde a las características habituales de la obra del maestro Illanes: rasgos angulosos y hebraicos, con los pómulos muy marcados. El parpado inferior notablemente resaltado así como las ojeras, rasgos también frecuentes, como lo es la barba bífida y bigote de inspiración claramente clásica. La frente aparece surcada por leves arrugas y la melena, dividida en dos por una raya central, cae en tres bucles separados a cada lado de la cara y tras la cabeza. El tratamiento del cabello, minucioso y personalísimo es de notable factura.



Lejos de los rasgos formales, una de las características presentes en toda obra de Antonio Illanes resulta aquí también apreciable por aquél que se deje imbuir en las sensaciones que transmite la talla: melancolía. Es una impresión siempre latente en la imaginería del escultor umbreteño. Aún formando parte de un grupo escultórico, sus obras siempre transmiten una profunda sensación de soledad y melancolía que embarga al fiel, creando una atmósfera propicia para la oración. Los pequeños detalles empleados por Illanes humanizan la imagen de Cristo y dotan de una enorme calidad a la talla, destacando entre otras obras del periodo gracias a la sutilidad de las gubias de un genio.



Cabe destacar que esta corporación nazarena toma la iconografía de Jesús Cautivo en sus inicios dada la devoción de un grupo de hermanos a la imagen del Cautivo de San Ildefonso de Sevilla. Curiosamente esta imagen no procesional sevillana, de la que muchos parecen desconocer la enorme devoción que despierta, inspiró la fundación de varias corporaciones en la provincia. Claro ejemplo de la veneración que la talla despierta y el verdadero reconocimiento que merece.



La iconografía de Jesús Cautivo, originada en el madrileño Jesús de Medinaceli, es una de las más complicadas de trabajar para la imaginería, siendo buena prueba de ello el hecho de que existan realmente pocas obras realmente destacables. Excesiva rigidez e inexpresividad han sido errores frecuentes en los que se ha caído constantemente al recrear esta iconografía, diferenciada de cualquier otra en que Jesús aparezca apresado, ya que posee un origen concreto y específico como lo es la talla generadora de la leyenda y a la que se venera en Madrid. La imagen a la que se venera en Dos Hermanas destaca como una de las más destacadas dentro de esta peculiar advocación junto al Cautivo de Pilas, Cautivo y Rescatado de Alcalá de Guadaíra y el misterioso Cautivo de Belem carmonense.



Añádase al análisis de esta magnífica obra un detalle peculiar, si tenemos en cuenta que recrea una iconografía que posee unos elementos bastante estrictos en su representación: ausencia de corona de espinas y heridas en la cabeza. Destacar también que la imagen se atavía con un escapulario (imprescindible en la representación de un Cautivo) que posee el escudo de los Trinitarios Calzados bordado. Este detalle en un principio supone un error ya que la cruz con los brazos lisos de los Trinitarios Descalzos, autores del rescate de la talla que da origen, es el que debe emplearse, aunque, desconozco si el empleo del emblema de los Calzados responde a alguna filiación de la corporación que desconozco, dado lo cual dejo el detalle sin analizarlo más profundamente. La corporación reside en la Parroquia de Nuestra Señora del Rocío, obra modernista bastante desafortunada y que en nada acorde a la enorme calidad artística de los dos titulares de la corporación.



Rogelio Rubio Segura


Publicado por cautivoservita @ 21:15  | Siglo XX
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 04 de agosto de 2011 | 16:59

Opino lo mismo. Antonio Illanes es el mejor escultor que trabaja para las hermandades sevillanas en la primera mitad del siglo XX. Es evidente que Ortega Bru, Sebastián Santos y Buiza fueron unos gigantes, pero considero injusto la poca importancia de este artista, y la sobrevaloración de otros, como Lastrucci

Publicado por Invitado
Domingo, 09 de septiembre de 2012 | 9:52

Estoy totalente de acuerdo con tu opinion.