Martes, 29 de abril de 2008



Nuestra Señora de la Ancilla es titular de la corporación mairenera de  la Veracruz. La fecha de fundación de la corporación (1470) la convierte en la segunda hermandad crucera más antigua de Andalucía, solo precedida por la sevillana. Reside en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y efectúa estación de penitencia el Viernes Santo noche.



La singular advocación de la dolorosa responde a la exclamación “Ecce Ancilla Domini” (he aquí la Esclava del Señor) con que María respondió al ángel Gabriel al serle anunciada la buena nueva del nacimiento de Cristo, según el evangelista San Lucas.



La talla es obra atribuida (personalmente creo que con acierto) a las gubias del genial José Montes de Oca durante el primer tercio del siglo XVIII. La obra fue adquirida en el Convento de las Mínimas de Triana en el año 1940, en sustitución de la desaparecida dolorosa titular de la corporación, destruida en el asalto a su residencia canónica durante los sucesos de la Guerra Civil. Un desafortunado accidente provocó la caída desde su altar de culto de la imagen, resultando gravemente dañada. El imaginero local Antonio Gavira Alba se encargó de la labor de recomposición y restauración de los importantes desperfectos en 1965, efectuando un trabajo notablemente desafortunado. Los rasgos primigenios de la obra de Montes de Oca quedaron notoriamente alterados y aplanados, realizándose además un juego de manos separadas en sustitución de las primigenias unidas. Fue Luís Álvarez Duarte el encargado de intervenir en 1993 a la talla, en un intento de reparar el resultado de la anterior. El polémico escultor realizó una labor restauradora con gran intervención sobre la obra, realizando nuevo candelero y juego de manos juntas a semejanza del que poseía la imagen con anterioridad a su accidente, así como consta el intento de recuperación de la policromía original, volviendo la imagen unas carnaciones mucho más claras y acertadas que las que poseía tras la restauración de 1965.



Es innegable que en gran medida la talla ha perdido parte de sus valores originales tras los avatares sufridos desde su llegada a la localidad de la comarca de Los Alcores. Una mirada a viejas instantáneas en blanco y negro en que podamos ver el estado de la obra antes del accidente de 1965 nos mostrará una imagen cuyos rasgos son innegablemente pertenecientes a las Gubias de José Montes de Oca. Una mirada actual a las fotografías que salpican este artículo nos desvelará una talla notablemente reformada, más créanme, aún a pesar de los discutibles resultados habituales en la labor restauradora de Álvarez Duarte, es de felicitar que en este caso, a pesar de introducir en la talla rasgos que resultan claramente identificables en sus gubias, tuviera el buen criterio de devolver a la talla gran parte de la dignidad y rasgos identificativos originales. El trabajo efectuado en la policromía es magnífico, así como sorprendentemente adecuado es el juego de manos elaborado por el escultor de Gines. Puede decirse que a pesar de las reformas efectuadas en la talla, Luís Álvarez Duarte rescató la imagen que durante mucho tiempo estuvo perdida. Quede claro que en todo caso toda alteración de los rasgos y características de una obra es en todo caso reprobable y no ha de considerarse restauración, pero los graves daños sufridos por la Virgen de la Ancilla y el estado en que se hallaba nos lleva a considerar como aceptables los resultados obtenidos.



El dolor, en rictus de amargura y rostro que se contrae, así como el trazado de las cejas nos deja aún entrever la labor de Montes de Oca en esta imagen. La policromía pálida fruto de la última intervención de Álvarez Duarte ayudan a remarcar estos rasgos, apreciables especialmente desde varios ángulos y sobre todo, si se contempla a la imagen frontalmente o levemente desde arriba, como es dispuesta en besamanos y dada la altura de la talla (que podríamos considerar como mediana-pequeña). Es en ese momento cuando todo el dolor que transmiten las tallas de José Montes de Oca queda patente y los avatares sufridos parecen desaparecer para dejarnos ver la obra original en su integridad. Desde otros ángulos, especialmente si contemplamos a la imagen desde abajo y en especial en su perfil izquierdo (derecho del espectador), se dejan ver algunos detalles firma inequívoca de las gubias de Duarte, aunque en este caso mucho más matizados y elegantes que en otras intervenciones del autor. Las manos entrelazadas forman un conjunto de dolor romántico en que si nos abstraemos de su historial de reformas, juzgando solo lo que nuestros ojos contemplan, apreciaremos una obra sobresaliente y destacada, de enorme calidad artística y transmisión devocional.



La imagen mariana procesiona el Viernes Santo acompañada por una imagen de San Juan obra del alcalareño Manuel Pineda Calderón en 1940. En el primer paso de la corporación procesiona el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, antiguo titular de la hermandad Sevilla de La Lanzada, adquirido en 1939 y del que solo se conserva la cabeza del original, ya que el cuerpo fue sustituido en 1992 por uno elaborado por Luís Álvarez Duarte siguiendo las trazas del anterior, que era de pasta de madera. La testa, adaptada por Duarte, puede ser de finales del siglo XVIII o principios del XIX.

Rogelio Rubio Segura


Publicado por cautivoservita @ 1:52  | Siglo XVIII
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Publicado por Invitado
Viernes, 24 de febrero de 2012 | 15:06

Desde luego, en el arte hay entendidos y existen enteraos, decir que Alvarez Duarte es Polemico y que ha metido al gubia en al talla de la Ancilla es para reirse, lo primero decirle que como va a meter la gubia si la imagen de la virgen es barro cocido.

Qu entendods somos todos con el internet.

saludos