S?bado, 14 de junio de 2008



Hay imágenes en el devocionario completamente indesligables de una leyenda. La imagen del Cristo de las Misericordias de la gaditana localidad de Chipiona es uno de los más grandes ejemplos que tenemos en nuestra geografía. Fue el día 1 de Noviembre de 1755 la fecha señalada por la providencia para atar la imagen que hoy traemos hasta las páginas virtuales de este blog con el suceso milagroso que se le atribuye. La tierra tembló violentamente, tanto, que a partir de entonces el Terremoto de Lisboa se convirtió en un infame recuerdo latente en la memoria popular y patente quedó su importancia en las crónicas históricas de la época que han llegado hasta nosotros. El sobrecogedor seísmo que se calcula pudo alcanzar los 9 grados en la escala Richter no solo se dejó notar en tierras lusas, donde prácticamente borró del mapa la ciudad lisboeta, sino que tuvo una gran repercusión en España y sobre todo en Andalucía. Los mil muertos que se registraron en la localidad onubense de Ayamonte, la desaparición de poblaciones como la gaditana Conil de la Frontera o la conformación en las costas de Huelva de una isla en la que pasado el tiempo, acabaría fundándose la ciudad de Isla Cristina nos pueden dar una idea de la magnitud del acontecimiento, que sembró toda nuestra geografía de víctimas y cuantiosos destrozos materiales, aunque milagrosamente no tan elevados como podrían esperarse de tamaña catástrofe.



Eran aproximadamente las nueve de la mañana del día donde la tierra tembló y la pesadilla aún no había acabado. Tras el seísmo, las aguas del mar se retiraron para volver nuevamente crecidas, con toda la furia de un maremoto el cual asoló gran parte de las costas onubenses y gaditanas. En Chipiona la desesperación se apoderó de sus pobladores. Las aguas del mar invadían la localidad y amenazaban con anegarlo todo. En la angustia de la situación, las gentes volvieron la mirada a Quien Todo lo Puede y presos de la desesperación, tomaron la imagen del Santísimo Cristo de las Misericordias y decidieron procesionarlo, sobre las aguas, en rogativa para que estas se retiraran. Sorprendentemente, el milagro aconteció y la Divina Providencia se apiadó de su pueblo. Al paso del Santísimo Cristo las aguas se iban retirando, y así sucedió hasta que la sagrada efigie llegó hasta el lugar que hoy día se conoce como La Cruz del Mar, a las diez de aquella histórica mañana, donde se levanta un sucinto monumento de modesta factura como memoria de tales hechos, siendo el existente en la actualidad de moderna ejecución.



Aquellos acontecimientos revitalizaron una hermandad cuyos orígenes al parecer se remontan hasta mediados del siglo XVI, garantizando a partir de aquel señalado día de 1755 la devoción a la excelente talla del crucificado. La corporación de penitencia procesiona el Viernes Santo por las hermosas calles de Chipiona, mas el suceso milagroso marcó a fuego la historia y la vida de la hermandad. Como conmemoración, cada 1 de Noviembre la efigie del milagroso crucificado cerciora procesión ordinaria marcada por las reglas, saliendo desde la Parroquia de la localidad al caer la tarde. Dicha procesión se llevaba a cabo en este Día de Todos los Santos en la mañana, a la hora en que aconteció el maremoto, pero en la actualidad en la mañana se celebra una ceremonia conmemorativa del suceso, desarrollándose la procesión en la tarde. En silencio, la imagen sobre su sobrio y elegante paso en caoba e iluminado por faroles plateados y pequeños guardabrisas laterales (con la particularidad de que el Viernes Santo todo el paso aparece iluminado por candelabros de guardabrisa), se encamina hasta la Cruz del Mar. Allí se celebra una pequeña ceremonia en acción de gracias, antes de que las andas retomen su caminar para culminar con celeridad una procesión que termina sobre las diez de la noche, acompañándose las andas por una Banda de Música a partir de la Cruz del Mar. En su salida penitencial del Viernes Santo la imagen es acompañada por música de capilla y tras Él procesiona la titular mariana de la corporación, María Santísima de la Soledad.



Si hay una imagen que por sus peculiaridades y excelencia artística resulta apropiada para ser objeto de la atribución de tan importante acontecimiento, no cabe duda para el autor de estas líneas de que se trata de este Cristo de las Misericordias, por cuya efigie he de confesar que siento gran aprecio y devoción. Una incógnita en sí mismo, existen numerosas teorías sobre la posible autoría de la factura de la obra, no solo muy variadas en cuanto a posibles nombres, sino también en cuanto a geografía y fechas en las que poder encuadrarla. Pasaremos pues a desglosar algunas de las posibilidades sugeridas y aquellas que la contemplación de la talla me sugieren personalmente.



Se estipula la fundación de la corporación chipionera que rinde culto a la talla en torno a la mitad del siglo XVI, aunque no es hasta pasados los acontecimientos del terremoto de Lisboa y gracias probablemente a la devoción despertada entonces por el Stmo. Cristo que la hermandad es reconocida canónicamente, a finales del siglo XVIII. La talla ha recibido atribuciones tan tempranas como una posible ejecución a finales del siglo XVI, así como también a lo largo del siglo XVII y principios del XVIII. Numerosos rasgos resultan confusos y contradictorios, inclinándonos alternativamente hacia unas posibilidades y otras que pueden ofrecérsenos. El cuerpo, de talla suave y dimensiones humanas, nos muestra una cierta rigidez a su vez, que puede hablarnos de una efigie de principios del XVII o finales del siglo anterior, contrastando notablemente con la crudeza  de una policromía naturalista, con abundancia de rasgos sanguinolentos que sugiere el inspirado pincel de un autor italiano (genovés) de los muchos afincados en la provincia de Cádiz a finales del siglo XVII y durante el XVIII. La cabeza y posición del cuello contrastan con los dos detalles anteriormente citados. De dulces rasgos, la testa se inclina hacia la derecha y abajo y en ella algunos creen contemplar rasgos de ejecución notablemente asimililables con la factura de Pedro Roldán en la segunda mitad del siglo XVII.



Descriptivamente, hablamos de una obra de dimensiones muy humanas, alejada de todo exceso tanto en la musculatura como en el canon general de su anatomía. La suavidad de las líneas es predominante, con líneas muy redondeadas, rompiendo la linealidad de la composición con un contraposto  de tan excelsa suavidad, que dota a la talla de una elegancia extrema. El sudario, bastante sucinto, se pliega en amplios bucles aunque sin el suficiente vuelo ni volumen como para distraer la atención del espectador, siendo nuevamente elegancia la sensación y la palabra predominante en su composición, anudándose discretamente sobre la cadera derecha de la imagen con una soga dorada de mediano grosor, dejando caer el pliegue donde se ata la moña mientras deja parte del muslo y cadera al descubierto. El torso, prácticamente paralelo al madero y sin inclinación, delega la transmisión al espectador de la caída del cuerpo a la laxitud de las piernas y brazos, de tal naturalidad y suavidad que consiguen una impresión general sobresaliente, retratando con verismo la forma en que el cuerpo pende del madero. Las manos se cierran dulcemente sobre los clavos que las fijan a la cruz, quedando los dedos índice y corazón de cada mano levemente desplegados y semiflexionados, cual si nos recordara algunas efigies de Cristo talladas durante el siglo XVI y de escuela flamenca, sin pertenecer a este conjunto de obras, solo a modo de homenaje inconsciente al bagaje artístico heredado de siglos pretéritos. El cuello y la cabeza, cuyas peculiaridades sean quizá el elemento principal que ha contribuido a diversificar las autorías adjudicadas a la obra, fuerzan la caída de manera mucho más pronunciada que el resto del cuerpo. El cuello cae hacia abajo y la derecha marcadamente, haciendo que la barbilla prácticamente toque el pecho. El cabello se trenza sobre sí mismo y en un bucle rizado que deja un amplio arco sobre la oreja, pasa tras el cuello en el lado izquierdo para caer en corta melena sobre el hombro y clavícula derecha. Las cejas son finas y arqueadas sobre los ojos grandes y completamente cerrados. La faz transmite una sensación de paz y serenidad que contrasta con el tono general de la policromía del cuerpo. La boca se entreabre para dejarnos ver los dientes y lengua. Los pómulos aparecen notablemente marcados. La barba, bífida y bastante corta, deja parte de la barbilla hasta el labio inferior bastante desprovista de vello. No posee la corona de espinas tallada en el bloque craneal.



La policromía merece un análisis al margen por ser en sí misma una obra de arte soberbia. De naturalismo en algunos momentos cruento, contrasta fuertemente con la dulzura en la ejecución de la talla. Los regueros de sangre son abundantísimos y cubren gran parte de la talla. Tanta es la abundancia sanguinolenta que el sudario queda teñido, dando como resultado un tinte rosáceo en un principio suave y agradable a la vista del fiel, hasta que éste repara en el cruento carácter de la tintura del tejido. La amplitud de tonos empleados para retratar la sangre derramada en el martirio, desde la casi transparencia, hasta los rojos más encarnados, contrastan con la suave palidez de las carnaciones y la labor escultórica, dotando a la imagen de una personalidad única y un verismo conmovedor. A pesar de que las llagas de la imagen aparecen reflejadas en la labor escultórica alejadas de toda crudeza, incluyendo la herida de la lanzada, reflejada sucintamente en el costado, si que queda acentuada su crueldad por la abundancia de las hemorragias. En el pómulo izquierdo puede adivinarse un leve moretón, quedando el rosto bastante desprovisto de regueros sangrientos, acentuando su dulzura, a pesar de que la frente aparezca perlada de pequeñas heridas producidas por la corona de espinas. Ambas rodillas aparecen escoriadas y manan el flujo vital de manera abundante. Las caderas aparecen heridas, así como todo el cuerpo aparece surcado de pequeñas laceraciones producidas por los azotes, que no poseen relieve en la labor escultórica, quedando su representación amparada en la labor del pincel. En ambas muñecas podemos apreciar dos líneas de moratones encarnados producidas por el roce de cuerdas. Estamos en resumen ante una de las mejores labores en cuanto a la aplicación de policromía sobre una talla que servidor haya tenido la dicha de poder contemplar, convirtiendo a la obra en un auténtico lienzo del martirio.



Llegados a este punto, una vez detallados los elementos más destacables de la talla, servidor se siente capaz de dar su opinión sobre la autoría de la obra, como muchos otros han hecho y es que, estamos ante una obra que puede admitir numerosas consideraciones, dado que posee diversos elementos que llevan a la controversia. Personalmente creo que se trata de una obra realizada en el primer cuarto del siglo XVII, siendo sometida a una intervención posterior durante el último cuarto de este mismo siglo o principios del XVIII por parte de un autor italiano ajeno al autor original de la imagen. La policromía nos habla en suma de la obra de pincel de un artista de dicha procedencia: su verismo, su crudeza, su enorme calidad, así como el retrato de elementos como las ataduras de las muñecas y las pequeñas heridas que surcan la anatomía. Otros elementos que nos acercan a esta procedencia es la herida en el pómulo izquierdo del Cristo, tan sucinta que a veces parecerá que no está, en otras ocasiones que está sugerida y creeremos en ocasiones que la pone ahí nuestra mente al asociarla a otros crucificados de escuela italiana que hemos contemplado. El mechón de pelo que rizado sobre sí mismo, se arquea sobre la oreja para pasar tras la cabeza también es un elemento que hemos contemplado en otras ocasiones en este tipo de obras que la escuela italiana nos dejó, especialmente en la provincia gaditana. No resulta pues aventurado llegados a este punto el sugerir una intervención del mismo autor sobre los rasgos del rostro, el cual dulcificaría haciendo pensar a algunos observadores una posible autoría roldaniana de la obra, que me parece excesivamente aventurada en este caso. No es extraño contemplar obras de la escuela italiana que en contraste con un cuerpo doliente, lacerado y sangrante, nos muestran un rostro de agradables y dulces facciones.



Siguiendo con la teoría propuesta, analicemos los rasgos puramente escultóricos de la talla. A pesar de que en un principio no resulta descartable la autoría íntegra de la obra por parte de un escultor italiano, el canon se antoja quizá demasiado redondo y natural, careciendo del alargamiento típico en la obra de estos artistas. Las llagas que presenta la imagen así como las multiples laceraciones no presentan relieve, así como tampoco los regueros sanguinolentos poseen textura más allá de la que le proporcionan la aplicación de las distintas capas polícromas. Estos dos detalles no son efectivamente concluyentes, pero si resulta bastante habitual encontrarlos en la obra de los artistas analizados que nos es conocida, dado lo cual lo más probable es pensar en la existencia ya de esta talla durante el primer cuarto del siglo XVII y su posterior reforma, siendo completamente repolicromada y retocando algunos detalles en la talla, como los rasgos del rostro o el perfeccionamiento de la anatomía sobre el canon ya establecido en la obra. La teoría de su autoría roldaniana si me parece la más descartable de las existentes, no contemplando ningún detalle particular de suficiente peso como para tenerla en cuenta. El sudario es otro elemento al margen que no encaja precisamente bien con la teoría roldaniana. Dada la aparente existencia de esta hermandad desde 1550, la obra encajaría temporalmente en la atribución propuesta. La Hermandad posee una corona de espinas, un juego de potencias y un Inri para la Santa Cruz de principios del siglo XVII, detalles estos que una vez más nos hacen pensar en una autoría íntegra de talla y policromía a principios de este siglo, o la modificación posterior de lo existente, con una aplicación de la policromía inequívocamente italianizante. Recordaremos aquí que la fecha adecuada para atribuir la talla a las gubias de Pedro Roldán sería la segunda mitad del siglo XVII.



La imagen del Santísimo Cristo de las Misericordias fue desastrosamente restaurada en 1975 en los talleres de Antonio Eslava en Sanlúcar de Barrameda, dulcificando artificiosamente sus rasgos y ocultando el cruento trabajo de la policromía de la talla. Afortunadamente en 2005 fue nuevamente intervenido, esta vez con notable acierto, en los talleres sevillanos de Almudena Fernández García y José Joaquín Fijo León, quienes devolvieron a la talla la calidad de sus matices originales.



Más allá de sus posibles autorías o intervenciones, solo me cabe recomendar al final de este artículo, en el que créanme, he puesto todo el cariño y el cuidado que me merece una obra por la que poseo un enorme aprecio y devoción, solo me queda recomendarle al lector una visita a la localidad gaditana de Chipiona para contemplar en directo una obra que para servidor, sin duda alguna, a pesar de la grandilocuencia de la afirmación, le parece una de las mejores tallas de Jesús crucificado de la geografía andaluza (y créanme, poseemos un patrimonio amplio y excelso como para que tamaña afirmación pueda ser tildada de locura y servidor de enajenado), más en un caso así y a pesar de la distancia entre mi localidad natal y la villa chipionera, el corazón puede mucho y la talla a la que conocí hará cuestión de casi cuatro años me cautivó profundamente. Juzgue cada cual según su propio criterio, pero siempre a ser posible, después de visitarlo y poder contemplar in situ la calidad de una talla que en ocasiones, dependiendo de la inflexión de la luz de las farolas sobre sus carnaciones cuando procesiona por las calles de la localidad, parece cambiar de aspecto dejándonos ver otra obra de tan excelsa calidad como contemplábamos antes de que la luz reparara sobre ella, solo que levemente diferente, ni mejor ni peor, sino una interpretación diferente de si misma. Es esta también característica habitual de las obras de calidad excelsa, dada la gran cantidad de matices que atesoran: la capacidad de transmitirnos diferentes impresiones con un mero cambio de ángulo o de calidad lumínica. Cosas como ésta no puede transmitirla fotografía alguna, por ello es que desde este blog siempre se recomienda la más efectiva manera que tiene la cultura para poder transmitirse: viajar, contemplar y valorar.

Rogelio Rubio Segura


Publicado por cautivoservita @ 5:43  | Siglo XVII
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Comentarios
Publicado por getsemani_calvario
Martes, 17 de junio de 2008 | 20:53
Impresionante el blog, todos los d?as me paso por si actualizas y aunque lo haces muy esporadicamente merece la pena la espera. Soy muy aficionado a ver imagenes antiguas e indagar en posibles autorias por lo que me siento muy identificado con tu blog.
Publicado por getsemani_calvario
Martes, 17 de junio de 2008 | 21:21
Por cierto, soy amigo de Jorge de M?laga, tambi?n escribo para el blog hermano El Pretorio.

Un saludo.
Publicado por cautivoservita
Jueves, 19 de junio de 2008 | 0:46
Muchas gracias por los comentarios, animan mucho a seguir. Esta "afici?n" a la imaginer?a, como arte que es, resulta m?s com?n de lo que pudiera pensarse. Pero como ya he comentado en este blog en alguna ocasi?n, los comentarios vertidos en los art?culos son opiniones meramente personales y cada persona puede tener la suya propia. Para ello publico tantas fotograf?as, para que cada cual pueda formarse una opini?n personal bajo su propio criterio, lo cual resulta importante y productivo en estas artes.
Tiene usted muy buenas amistades, ya que conoce al crack medi?tico malague?o y le ayuda envi?ndole art?culos (como servidor tambi?n ha hecho) para el magn?fico portal de "El Pretorio", que animo a los lectores a visitar (se encuentra en los enlaces del blog). El excelente criterio de Jorge ha contribuido a crear un portal abierto a toda la geograf?a cofrade y donde impera la cordura y buen gusto que admiramos muchos en ?l.
Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 01 de abril de 2009 | 19:23
ESTOY VERDADERAMENTE IMPRECIONADO, POR LA VISION QUE AS REALIZADO DEL CRISTO DE LAS MISERICORDIAS DE CHIPIONA, COMO MIEMBRO DE LA JUNTA DE GOBIERNO DE ESTA HERMANDAD, TE DOY LAS GRACIAS POR ESTE ESCRITO Y TE INVITO A QUE PASES ALGUN DIA, POR ESTA HERMANDAD, PARA AGRADECERLE PERSONALMENTE, EL TAN DETALLADO ARTICULO SIN MAS GRACIAS DE NUEVO
PD
EN LA RESTAURACION DEL CRITO QUE REALIZO ANTONIO ESLAVA,LO REALIZO EN SEVILLA Y NO EN SANLUCAR DE BARRAMEDA
Publicado por Invitado
Domingo, 22 de mayo de 2011 | 18:39

Soy José Manuel Díaz, fiscal 2º de la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, de Estepa. Este año 2011 organizamos el IV encuentro Nacional de hermandades de las Angustias, el próximo mes de Diciembre y la vuestra cumple con los requisitos para participar en el referido eventom, sin embargo no disponemos de datos pra contactar con ustedes y enviarles el programa de actos y demás documentación, es por lo que les ruego me envien la referida información por email a [email protected] o si desean alguan aclaración pueden llamarme al 661705340.