Domingo, 29 de junio de 2008



A mitad del camino que marcha desde Sevilla hasta Córdoba se ubica la localidad de Fuentes de Andalucía. A pesar de su relativa lejanía de la capital de ambas provincias y de tratarse de una villa de pequeñas proporciones (menos de 7.500 habitantes), su emplazamiento privilegiado entre cuatro auténticos museos aglutinadores de arte como lo son las ya dos mencionadas capitales, así como las ciudades de Carmona y Écija, distantes apenas 30 km en la misma ruta, hizo que en su patrimonio artístico local recalase alguna que otra obra de importancia de las muchas que sin duda en tiempos circularon de uno al otro extremo de esta vía de comunicación y cultura.



Cuatro hermandades realizan estación de penitencia en la Semana Santa de Fuentes de Andalucía. Hoy venimos a hablar de la corporación de la Humildad, residente en la Ermita de San Francisco y que realiza su salida el Miércoles Santo.



Nuestro Padre y Señor de la Humildad es una talla sedente, que desde la soledad de un poyete de características arquitectónicas, inclina considerablemente el torso hacia delante, hasta el punto de casi ocultar el rostro al espectador, que ha de ubicarse directamente bajo la talla o en su perfil izquierdo para poder contemplar las facciones de la cara. La testa se sostiene sobre la mano derecha, que se apoya en la sien. La imagen en las fotografías aparece ataviada con un sudario de tela natural bordada, aunque no es frecuente este aditamento, poseyendo sudario de talla bajo el que puede apreciarse en las instantáneas. Los pies se apoyan sobre un pequeño promontorio rocoso, quedando libre la parte más exterior del pie izquierdo, que parece dañada o mal acabada. Una corona de espinas de orfebrería orla las sienes de la talla, mientras un cetro a modo de caña es sostenido por la mano izquierda de Jesús, que a su vez apoya en el regazo.



A simple vista para el lector, ya resultará bastante evidente que la imagen posee una serie de importantes contradicciones. La primera contradicción y más evidente aparece entre la advocación que recibe el titular (Humildad) y el pasaje evangélico que parece retratar la obra (la Coronación de Espinas). La segunda resultante de la observación un ojo algo más avezado en la valoración de la imaginería: el contraste entre la faceta meramente escultórica de la obra y la policromía aplicada sobre ella, siendo la primera probablemente ubicable en el siglo XVIII, mientras los brillos algo artificiales y plásticos de la segunda nos sugieren una labor de pincel más encuadrable en el siglo XX. Intentaremos dar luz de manera personal a tales contrastes, aunque ya de antemano aclaro que no poseo documentación precisa sobre tales detalles.



La iconografía de la Humildad y Paciencia de Nuestro Señor posee unos orígenes casi alegóricos. Surgida sobre el siglo XIV, en sus principios se trató de una iconografía prácticamente alegórica, ya que la efigie del Varón de Dolores, sentado sobre una peña y meditabundo, presentaba los estigmas de la pasión, contrastando con la efigie de un Cristo Vivo y apesadumbrado. Con el tiempo, la representación de esta iconografía evolucionó hasta encajar en los textos evangélicos, presentándonos esta estampa reflexiva de Jesús encuadrada en  los momentos previos a su crucifixión, tras recorrer la Vía Dolorosa camino del Gólgota. No obstante, este pasaje no posee referencia evangélica explícita, fruto de su adecuación un tanto forzada a un instante de la Pasión, provocada quizá por el atractivo que sin duda hubo de suponer el surgimiento de esta melancólica y en cierto modo tan humana estampa del Hijo de Dios para el fiel.



Contemplando la imagen del Señor de la Humildad, más allá del detalle de su advocación, multiples detalles de su faceta escultórica nos indican que estamos ante una imagen ideada originariamente para encuadrar en la iconografía de la Humildad y Paciencia, siendo aditada con posterioridad de elementos usuales en el pasaje de la Coronación de Espinas. La caña que a modo de cetro en señal de humillación y burla dieron a Jesús reposa sobre el regazo y mano izquierda de la talla, idealizada en su ejecución al presentarse en orfebrería plateada. Reposa es el término empleado, pues la mano no agarra el elemento, que se evidencia superfluo y añadido con posterioridad. El rostro, meditabundo así como la posición del cuerpo, propia de una humildad y paciencia, aparece orlado de una corona de espinas en orfebrería, apoyándose curiosamente la mano derecha de Cristo sobre la sien, encima del punzante elemento, con la particularidad de que incluso entre las efigies de Jesús de la Humildad y Paciencia la mano suele reposar sobre la mejilla. El promontorio rocoso sobre el que descansa la efigie parece haber sido sustituido por un fuste o poyete de características artificiales o arquitectónicas, a imitación marmórea, elemento este habitual en las coronaciones de espinas (cuando bien no se dispone la escena sobre una silla). Si bajamos la mirada a los pies de la talla, contemplaremos como el suelo que se nos antojaba de factura humana, se convierte en un empedrado, quedando el pie izquierdo directamente sobre una roca algo elevada. Si nos fijamos bien en la parte externa de dicho pie y el dedo meñique, podemos apreciar como la zona está dañada, o cabría decir “mal acabada”. Esta impresión bien pudiera ser fruto de la extracción de la talla de su peana original, sustituyendo el promontorio rocoso sobre el que asentaba la imagen por el actual apoyo de características marmóreas y separando el pie de su apoyo original en parte, de forma algo burda, lo cual provoca la sensación de escaso acabado en la parte externa, aunque respetando la parte inferior del apoyo de ambas piernas, la cual nos muestra su originario carácter natural y pedregoso. Vistos estos elementos, personalmente me aventuro a especular con la posible reforma de la talla en el pasado, extrayendo a la talla de su peana originaria (labor en ciertos puntos realizada con no demasiada pericia) para ubicarla sobre la actual, perdurando parte del sustento primitivo bajo los pies.



El otro aspecto contradictorio que resaltábamos párrafos más arriba es el existente entre las facetas escultóricas y pictóricas que se concitan en obra. Respecto a la talla, esta puede tratarse originariamente de una obra ejecutada a probablemente en el primer cuarto del siglo XVIII. La policromía desgraciadamente parece ser fruto de una intervención posterior, y más concretamente de Francisco Berlanga de Ávila, quien restauró la talla y reformó (cuando no repolicromó) ésta casi al completo. El alumno del genial Francisco Buiza dejó patentes en la imagen los rasgos habituales de su pincel, en forma de unos frescores rosáceos notablemente parecidos a los que imprimía su maestro, aunque sin la excelencia en su aplicación de éste. El rostro, a plena luz del día, como puede apreciarse en las fotografías iluminadas por la luz del sol, transmite esos tonos en los frescores que pueden apreciarse en otras obras del mencionado imaginero (o reformas por él realizadas) como el Cristo de la Hermandad de la Estrella de Dos Hermanas. Unos tonos rosados, algo artificiosos. Los ojos aparecen muy marcados, con un reborde negro en los párpados muy contrastado. La policromía, de sensaciones muy plásticas y modernas y alejadas de la factura original, aparece surcada de leves regueros sanguinolentos dispersos y muy delimitados, detalle este muy del gusto de don Francisco Buiza, que también suele aplicar Francisco Berlanga. Siguiendo con la tónica, la policromía busca forzar el contraste de luz, aplicando zonas de coloración más oscura a imitación de suciedad arrastrada por el sudor y acumulada en los pliegues musculares, consiguiendo así resaltar los detalles de la anatomía, dando volumen y forzando el contraste de luz, técnica esta aplicada de manera magistral por Buiza, pero de forma más tenue y menos inspirada por parte de su alumno. La obra ha sido también restaurada por L. Rioja y J. Lagares, artesanos especializados en la confección de belenes.



Más allá de las alteraciones sufridas por la talla, especialmente en su policromía, estamos ante una obra interesante y que consigue transmitir soledad y abatimiento, impulsando al fiel hacia la meditación. Los brillos y artificiosidad de la policromía resultan notablemente patentes cuando sobre la talla incide la luz del sol, descubriendo esa serie de rasgos tan asimilables a la labor de Fco. Berlanga, más en la noche, parece la imagen experimentar una profunda transformación y todos los valores de su factura original renacen parecen mostrársenos. Baste ver las fotografías ejecutadas con luz nocturna para ver estas facciones, mucho más evidente en una contemplación en directo. La talla, de buena factura (aunque presente algún pequeño defecto anatómico, especialmente en la zona de la espalda) me sugirió en ocasiones, como una impresión que apareciera y desapareciera, los rasgos de aquellas obras adjudicadas o atribuidas a la figura del misterioso Andrés Cansino, como el Nazareno del Viso del Alcor o el Crucificado de la Salud de San Bernardo. Sin embargo, la obra que más profundamente rememoró de aquellas que haya visto, en especial por las sensaciones que transmitía en los claroscuros de la noche, fue la efigie de Jesús Nazareno que se venera en la sevillana localidad de Cantillana. Meras impresiones personales. La talla a nivel general debe ser fechada aproximadamente en el primer cuarto del siglo XVIII y su autoría en todo caso es anónima, sugiriendo levemente (y de forma algo aventurada) los rasgos de un posible seguidor tardío de la obra de Pedro Roldán.



Rogelio Rubio Segura






Publicado por cautivoservita @ 19:18  | Siglo XVIII
Comentarios (5)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
S?bado, 28 de abril de 2012 | 18:36

Hola, me gustaría saber la información que teneis a cerca del manto de la Virgen de los Dolores de la Hermandad de la Humildad de Fuentes de Andalucía, y si es posible la dirección de la misma, gracias, mi correo [email protected], saludos

Publicado por Invitado
S?bado, 28 de abril de 2012 | 18:47

gracias

Publicado por cautivoservita
Jueves, 03 de mayo de 2012 | 3:01

Lamento carecer de datos al respecto, pues no me especializo en las facetas referentes al aditamento de las imágenes ni soy natal de la localidad de Fuentes de Andalucía.

Publicado por Invitado
Lunes, 07 de mayo de 2012 | 19:14

Por Dios¡ cómo puedes considerar las artes suntuarias como aditamentos?

Publicado por cautivoservita
Mi?rcoles, 09 de mayo de 2012 | 14:31

Por la misma razón que algunos consideran la escultura sacra como "mero soporte" de sus actividades.