Mi?rcoles, 14 de octubre de 2009



Hay ocasiones en que la excelencia de una imagen es tal que ejemplifica por sí sola el significado del término “obra maestra”. Nuestra Madre y Señora de los Dolores amén de un icono devocional incuestionable en su localidad, es una de esas escasas tallas que podríamos catalogar como cumbre y referente en su iconografía. Hablamos sin duda de una de las obras marianas más interesante de la provincia de Sevilla.



 

La Hermandad Servita ursaonense que rinde culto a la excelsa imagen de la Virgen de los Dolores realiza estación de penitencia en la mañana del Viernes Santo, siguiendo los pasos  de la hermandad de Jesús Nazareno que sale una hora antes,  por las mismas calles que esta otra corporación va recorriendo. Ambas dos cofradías son independientes, rindiendo culto la de los Siervos de María como titular solo a la Señora de los Dolores. La imagen se dispone sobre paso con respiraderos de orfebrería plateada sin palio, acompañando banda de música que interpreta un repertorio de diverso carácter. Luce la imagen saya y manto bordados que recubren burdamente el impresionante trazado de las ropas talladas originales. Una  ráfaga o resplandor de orfebrería plateada rodea a la imagen, quedando éste a una prudente distancia del contorno de la efigie, no directamente bordeando el manto, lo cual realza notablemente el simulacro devocional y magnifica su trascendencia. La elegante corona de orfebrería plateada y una apocalíptica media luna a los pies de la talla complementan los aditamentos de la imagen, junto a un corazón atravesado por siete puñales, también en orfebrería plateada, que sostiene la imagen en sus manos entrelazadas.



 

De considerables dimensiones para tratarse de una imagen mariana (1,74 m.), la imagen se nos muestra vestida con una túnica y manto tallados en minuciosos y pormenorizados pliegues, que provocan sensación de apelmazamiento, ajustándose a la efigie como si se hallasen humedecidos (técnica de paños mojados). Un rico y profuso estofado de elegante factura recubre todo el simulacro textil, que en principio probablemente fuese de tonos cromáticos lisos, siendo la mencionada labor del estofado un añadido posterior de notoria calidad ejecutoria. Las manos se entrelazan en oración, cerrándose los dedos con fuerza visible que contribuye a resaltar el ademán doloroso y de arrebato en la oración de María Santísima. La cabeza se gira hacia abajo y a la derecha, permitiendo al fiel de esta forma contemplar mejor desde la altura de su altar o paso procesional los bellos rasgos del atribulado semblante.



 

El rostro de la Virgen de los Dolores se enmarca dentro de los rasgos de la escuela granadina, siendo ejemplo claro de la capacidad de las tallas marianas de esta escuela durante los siglos XVII y XVIII de transmitir al fiel una sensación de dolor y aflicción de la Madre sin que los hermosos y melancólicos rasgos del rostro denoten en forma alguna deformación o exagerada contracción de las facciones por mor del amargo trance por el que la Señora atraviesa. Hasta tal punto resulta efectiva esta capacidad de transmisión que provoca incluso el inmediato rechazo estético por parte del espectador no versado y acostumbrado a la contemplación de este tipo de imágenes, de rasgos algo más maduros que el modelo frecuente en las tallas ceñidas al modelo popular sevillano, tradicionalmente más juvenil y con una transmisión menos directa, de impresiones más dulcificadas. Sin embargo no hay característica alguna como ya se ha dicho en la talla que resulte visualmente impactante ni estéticamente desagradable, solo un rictus de dolor contenido e intimista y unos rasgos minuciosamente retratados con una gran capacidad de transmitir sensaciones.



El manto tallado de la efigie cubre la cabeza, dejando un óvalo muy abierto a través del cual podemos ver el rostro de María, el cuello, así como la cabellera, que en finos y delicados mechones cae sobre el pecho de la talla hasta llegar a los brazos, enmarcando la caída del manto a la altura de los hombros.  El rostro, en alargado óvalo, muestra unos rasgos de una cierta madurez. Las cejas se elevan, las aletas nasales se contraen, así como las comisuras de los labios cerrados se pliegan hacia abajo, componiendo de esta manera el sutil rictus doloroso que comunica al fiel el intenso dolor en que se halla sumida internamente la Santísima Virgen. Los misteriosos ojos entrecerrados proyectan una sombra sobre el parpado inferior y las pupilas, acentuando la sensación melancólica y el misticismo, invitando al espectador a que tenga que acercarse hasta la línea visual directa de la talla para poder mirar a  los ojos de la Santísima Virgen, gesto este de acercarse a María pleno de simbolismo. Los marcados pliegues nasogenianos, una cierta sensación de blandura en los pómulos, el marcado surco de las comisuras labiales junto a los pliegues de la piel bajo los párpados inferiores, nos dejan la sensación de un rostro envejecido por un dolor desgarrador con el que la imagen parece batallar, conteniéndolo a duras penas e interiorizándolo. Un grácil hoyuelo en la carnosa barbilla remata los rasgos de facciones hermosas,  pero presas del sufrimiento. Un largo cuello de suaves líneas, apenas anatomizado, sostiene elegantemente la testa.

 


El insigne imaginero granadino José de Mora ha sido considerado históricamente el autor de esta felicísima interpretación de los Dolores de María Santísima a finales del siglo XVII o principios del siglo XVIII, mas a pesar de la fiabilidad y probable acierto de tal histórica atribución, servidor no descartaría la posibilidad de que el siempre perpetuamente olvidado para las atribuciones populares Torcuato Ruiz del Peral pudiese relacionarse también con la ejecución de la obra.  Si bien la talla innegablemente posee rasgos de gran similitud con los de la obra de José de Mora (múltiples bustos documentados del artista o la documentada imagen mariana de la Soledad de Granada así lo atestiguan), no menor resulta su parecido con obras de Ruiz del Peral (dolorosas de la Humildad y los Dolores de Guadix, varios bustos repartidos por la capital granadina o ese monumento a la perfección que es María Santísima de las Angustias de la Alhambra).



Perfección. Sin duda éste es el término clave en la imaginería de ambos artistas granadinos. Perfección en cada rasgo, pulido y elaborado con un detallismo casi obsesivo, cual si sus obras fuesen fruto de años de elaboración y meditación de cada nimio detalle escultórico y polícromo, hasta apabullar al fiel con un simulacro tan real y lleno de trascendencia que sobrecoge e impacta a primer golpe de vista. José de Mora es sin duda la atribución más fiable y verista que podemos dar a esta talla de Nuestra Madre y Señora de los Dolores, en torno a principios del siglo XVIII, mas vale la pena contemplar la posibilidad de un Ruiz del Peral que siguió los modelos escultóricos de Mora hasta el punto de casi replicar algunos de ellos, alcanzando cotas creativas de tanta genialidad como las del famoso maestro tanto en la faceta escultórica como en la polícroma, radicando en esta última algunas pequeñas diferencias de Ruiz del Peral respecto a Mora dentro de una genialidad absoluta al aplicar los pinceles en ambos casos. Habría que atrasar la fecha de ejecución de la talla ursaonense hasta casi la mitad del siglo XVIII en caso de atribuir a éste su autoría. Si bien algunos puntos de la talla nos recuerdan más a la ejecutoria de José de Mora (la policromía entre ellas), los enormes ojos almendrados y labios de la imagen nos recuerdan más vivamente a la obra de Torcuato Ruiz, aunque como ya se ha dicho, es lo correcto y adecuado establecer su autoría en manos del primero de los autores mencionados.



 

En el capítulo de reformas sufridas por la talla mariana, destacar que los estofados de la túnica tallada fueron añadidos con posterioridad a la ejecutoria primigenia de la talla, cuyos tonos originales fueron probablemente colores lisos.  En una burda intervención en busca de colocar añadidos populares a la imagen, una seria de cáncamos fueron clavados a todo lo largo del contorno del manto tallado, para poder ubicar sobre la imagen unos prescindibles manto y saya de tela bordadas. Para contribuir al lucimiento de estas en detrimento y menoscabo de la imagen mariana se cercenaron las manos originales, colocando un taco de madera (al parecer de características móviles) para facilitar la tarea de “vestir” a la imagen y que las manos enlazadas quedaran a mayor altura sobre las piezas de tela bordada, haciendo más visibles éstas. Gran parte de esta serie de atentados sufridos por la talla fueron corregidos en una intervención posterior, aunque persiste la ignorante e innecesaria costumbre de faltarle al respeto a la talla mariana recubriendo la efigie con piezas de tela que tapan el trazado de la talla original y los estofados de incalculable valor, así como la caída de la cabellera sobre los brazos. El resultado es una sensación de hinchazón poco estética que puede comprobarse en las fotografías y el hundimiento de la imagen en las prescindibles piezas de tela. Por fortuna más allá de las festividades y días señalados para la cofradía, la imagen suele quedar expuesta al fiel en su atar sin el recubrimiento textil (a pesar de que estas ocasiones y el número de piezas ha ido aumentando con el tiempo), dejándonos apreciar  la impactante efigie de la Virgen de los Dolores en toda su magnificencia como nos muestran las instantáneas facilitadas por Javier García Marín, lector de este blog al que agradezco enormemente la amabilidad no solo por el importante aporte, sino por el mero hecho de soportar mis artículos. Sepa recompensárselo la Virgen de los Dolores, una de las mejores tallas marianas que reciben culto en toda la geografía andaluza.



Rogelio Rubio Segura




Publicado por cautivoservita @ 17:15  | Siglo XVIII
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Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 15 de abril de 2010 | 12:48
Dificilmente podr?a haberla ejecutado Torcuato Ruiz del Peral, ya que nuestros datos no coinciden con la ?poca en la que trabaj? y la talla ya estaba hecha antes de nacer este autor, de todas maneras interesant?simos los comentarios y las fotografias. ?gracias!.Osuna 15 abril 2010-12.50 horas pm.
Publicado por duVallon
Domingo, 02 de septiembre de 2012 | 17:11

Yo me inclinaría por un jovencísimo José Risueño aún en el taller de Diego de Mora (José de Mora nunca tuvo taller y trabajaba muy lento, de modo que su producción es muy limitada) o incluso el propio Diego (injustamente ensombrecido por su hermano y sin embargo tan magistral como él), el rostro y las manos son de una excelentísima calidad mientras que el cuerpo parece hecho por unas manos mucho mas torpes, posiblemente algún otro alumno del taller.

¿Se le han hecho radiografias? Existe la posibilidad de que la mascarilla y las manos estuvieran hechas con anterioridad y ante un encargo inesperado y apremiante se utilizaran añadiendole un cuerpo hecho a prisa 

Publicado por cucharro
Martes, 15 de diciembre de 2015 | 0:26

No menospreciando la imagen de la Virgen de los Dolores, desearía saber el autor, año y datos que me puedan aportar sobre la ráfaga que la acompaña. Gracias.