Jueves, 19 de abril de 2012

El estado de conservación de una imagen es también un motivo por el cual tiene cabida en este blog una excepción a la regla personal de no mostrar imágenes procesionales pertenecientes a hermandades residentes en las capitales andaluzas, dada la atención mediática que estas tallas suelen tener, centrando así mi atención en las tallas no procesionales o que reciben culto en localidades mucho menos mediatizadas de nuestra geografía, regla personal que mantuve hasta el reciente artículo sobre la iconografía del Varón de Dolores, en cuya primera parte se trató específicamente la imagen del titular cristífero de la sevillana corporación de El Sol. A pesar de ello, cuando una imagen posee el valor y la calidad artística de una obra como el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia de Cádiz está más que justificada la salvedad, máxime cuando se trata de hacer una pequeña llamada de atención sobre el aparente estado de conservación de la talla.

 

Gracias sean dadas a Francisco Espinosa de los Monteros Sánchez por sus investigaciones y por se el autor de la biografía en que se basa este breve resumen de la vida de Jacinto Pimentel, la cual mucho más completa y de mayor calidad que la mía puede leerse en:  http://www.cadizcofrade.net/imagineros/pimentel.htm . Jacinto Pimentel, autor de la obra que hoy traigo hasta estas páginas virtuales, es uno de esos artistas a los que la injusta memoria popular parece haber condenado al olvido, quedando relegado su nombre (a pesar de la incuestionable valía artística de su obra) a un lugar secundario dentro de los artistas del siglo de oro de la escultura española. Trasladado a Sevilla a temprana edad, su origen natal es incierto, si bien recientemente se ha establecido como posible su nacimiento en la localidad portuguesa de Vila Real en torno al año 1600. En la década de los años 20 de este siglo XVII ya aparece documentada su presencia como destacado miembro del taller del genial Francisco de Ocampo. Casado y padre de tres hijas, enviudaría y se trasladaría a Cádiz en el año 1637, cuando ya trabajaba como artista independiente, contrayendo segundas nupcias al año siguiente.  Se vincularía a la Orden Tercera de San Francisco a 1644, donde regentaría cargos importantes y que marcaría parte de los encargos de su carrera. Nuevamente enviudaría Pimentel en 1654, volviendo a casarse dos años después. Fallecería el autor en 1676, nuevamente viudo. Durante su vida disfrutó de una desahogada posición económica, rara en los artistas de la época, fruto de su desempeño como comerciante de mercancías de importación, lo cual quizá marcara la escasez de su producción dado que probablemente no se viera forzado a aceptar encargos fruto de la pura necesidad. El hecho de haberse trasladado en tantas ocasiones de lugar de residencia hizo que no fuese considerado ni como sevillano en la capital hispalense, ni gaditano en Cádiz, forjando un estatus de foráneo allá donde fue que ha permanecido a lo largo de los siglos contribuyendo a su olvido en la memoria popular, especialmente la sevillana, a pesar de haber colaborado en sus trabajos con artistas de la talla de los escultores Francisco de Ocampo o José de Arce y pintores como Francisco Zurbarán.

 

La hermandad gaditana de La Humildad encargó su primitivo titular cristífero al irregular imaginero Fernando de Villegas en 1622. Esta talla fue policromada por el pintor gaditano Juan Rodríguez. Pronto se mostrará la corporación poco conforme con la talla y solo 15 años después contrataría en Sevilla los servicios de Jacinto Pimentel para la ejecución de un nuevo titular, en 1637, acabándose la imagen un año después, en 1638, tal como reza la inscripción que figura en la propia imagen descubierta durante la restauración (única conocida a la imagen) de Francisco Arquillo Torren en 1983. La primigenia imagen de Francisco de Villegas, podemos situarla a día de hoy con poco margen de error en Jerez de la Frontera, siendo titular de la hermandad de la Humildad, sita en la Iglesia de la Santísima Trinidad y de reciente fundación. Como fiadores del contrato de hechura figuran el magistral pintor (y amigo personal de Pimentel) Francisco de Zurbarán y el gaditano Salvador de Trigo, también pintor. El hecho de que la talla fuese más que probablemente acabada en Cádiz mientras Zurbarán permanecía en Sevilla casi descarta que este último fuese el autor de la policromía, si bien siempre ha existido la creencia popular de que era el genial pintor el autor de ésta. Más probable resulta la intervención de Salvador de Trigo en la faceta polícroma de la obra de Pimentel en Cádiz, o algún otro pintor allegado a la corporación, si bien es cierto que las colaboraciones entre Pimentel y Zurbarán parece que existieron en otros conjuntos artísticos.  No fues esta incorporación del titular tampoco el único acierto de la corporación ya que además de la joya que es la talla de la Humildad y Paciencia, encargó con posterioridad la ejecución de un crucificado que a la postre resultaría en la actual talla del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, titular de la corporación de El Silencio gaditano, otra obra de incalculable valor dentro del patrimonio español y atribuida de forma popular (y con toda probabilidad de error) a Alonso Martínez por el mero hecho de haber sido este discípulo de Pimentel, atribuyéndosele además a este discípulo hasta fechas recientes muchas de las obras que a día de hoy sabemos fueron gubiadas por el maestro.

 

El Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia de Cádiz es no solo quizá el mayor referente artístico de una iconografía tantas veces malinterpretada (muchos son los casos en que por el mero hecho de ser imágenes sedentes, se les coloca una clámide púrpura, una caña y se reutilizan estas tallas para representar el pasaje de la coronación de espinas) sino que también, créame el lector que no hago esta afirmación de forma gratuita, una de las más impresionantes obras de arte a las que se rinde culto y procesionan en toda Andalucía. Elegancia y Piedad son la nota predominante en las sensaciones que la imagen despierta en el espectador. De carácter amablle y fácil conexión con el fiel, esta obra de Pimentel parece alejarse del barroco montañesino de su maestro, de reminiscencias renacentistas, y acercarse hasta las nuevas formas más expresionistas que con posterioridad (no olvidemos que la talla es de 1638) encontrarían su más bella representación en las gubias de José de Arce y Pedro Roldán a mediados y finales del siglo XVII. De comedida anatomía, todo en la obra parece ser corrección y elegancia para que el espectador fije su mirada en la de la talla, impresionante y cautivadora, misteriosa y llena de piedad, perdida en el vacío y a la vez llena de angustia y entrega. Un prodigio magistral en una mirada que comunica tanto, que tiene tanto mensaje y que provoca a la vez piedad y respeto. Los grandes ojos avellanados típicos de la obra de Pimentel se hacen más dominadores de la estampa que nunca dentro de un rostro suave y humano que se enmarca en un cabello y una barba de tratamiento impecable, tallados a grandes bucles cual si estuviesen húmedos  y alejados de la talla pormenorizada de los Montañés, Mesa u Ocampo, cual si evocaran el posterior trabajo de los Arce, Pedro Roldán o Ruiz Gijón.  Elegantemente, Cristo alarga una pierna mientras mantiene flexionada la otra, que apoya el pie sobre una roca plana que sobresale, recurso del artista para elevar más la pierna y provocar el leve desequilibrio en la cadera, dando movimiento y dinamismo, a la vez que retrata con naturalidad como tras la subida al calvario, el cuerpo mortal de Jesús se encuentra agotado y flexiona así la musculatura buscando aliviar el dolor. La espalda, lacerada muy sucintamente, pues la imagen huye de todo exceso sanguinolento que pueda distraernos de la contemplación de esa mirada profunda mirada en que parecemos perdernos, se inclina agotada mientras la mano se apoya en la cadera para aliviar la espalda del peso. La otra mano sujeta erguido el busto, para que la mirada sea alta y penetrante, perdiéndose los dedos de la mano bajo la cabellera a la altura de la oreja. El sudario, voluminoso, no estorba la contemplación frontal de la anatomía y solo se deja ver, impecable, en la visión lateral. La policromía es digna de ser legendariamente atribuida a Zurbarán, los matices exquisitos. La obra, todo un icono, una interpretación magistral y emblemática del apócrifo pasaje popular de la Humildad y Paciencia de Cristo.

Decía al principio del texto que el estado de conservación de la obra iba a ser la excusa de la presencia de este atípico artículo dentro de la dinámica del blog. Y es que las grietas que presenta la talla, a pesar de su aparente buen estado, resultan alarmantes y bien patentes, como puede apreciarse en las fotos detalle de las piernas de la imagen. Los agujeros provocados por el ataque de xilófagos son también observables. Espero que la talla se encuentre correctamente desinsectada y los agujeros de insectos que podemos contemplar no sean más que un remanente de una situación pasada. Aun así, la grieta del ensamble de piezas a lo largo de toda la pierna derecha, la articulación de la izquierda así como a lo largo de toda la espalda, desde la peana a la cabeza, la grieta fruto de la tensión en el pié... resultan preocupantes en una talla ejemplar y de incalculable valor histórico y artístico. Sea pública desde aquí mi petición a la corporación, de impecable recorrido a lo largo de los siglos, para que la talla reciba un estudio sobre su estado promulgado por autoridades competentes, no por pseudoimagineros que hacen su agosto gracias a restauraciones contratadas por ignorantes que tanto abundan en nuestras corporaciones, así como sea extensiva tal llamada al Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para que muestren interés por tasar hasta que punto estos problemas estructurales apreciables a simple vista son preocupantes de cara a la futura conservación de esta joya del patrimonio artístico español.

 

Rogelio Rubio Segura


Publicado por cautivoservita @ 17:45  | Siglo XVII
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por David.
Martes, 01 de diciembre de 2015 | 12:27

Buenas tardes, aunque veo que el artículo esta escrito en 2012, hoy navegando por la red, ha sido cuando lo he leido. La imagen ha sido revisada a peticion de la hermandad con anterioridad a su artículo por tecnicos del IAPH. Destacando en su informe el buen estado de la imagen. Detallando que lo unico que tiene es un acumulo de suciedad. Los ensambles estan en perfecto estado, pero con ese acumulo de suciedad.

La imagen no posee ningun orificio de ataque de xilofagos. La imagen esta hecha de cedro, madera muy dura para estos insectos, por lo cual mientras haya otra madera mas tierna en la iglesia (que la hay) no atacaran al Cristo.

En el informe de los tecnicos, se concluye detallando que no precisa ninguna intervencion.

El imaginero que talló el Cristo anterior al de Pimentel fue Francisco de Villegas, y dicha imagen podemos encontrarla en la vecina localidad de Jerez de la Frontera.

Reciban un afectuoso saludo.